mpac, mar del plata

Arquitectos: Antonio Carrasco, Nicolás Pinto da Mota ・ Colaboradores: Pedro Peña y Lillo, Eduardo Vazquez Batti (arquitectos) ・Estructura: Fernando Saludas, Víctor Hugo Ciotti (ingenieros civiles) ・ Proyecto de concurso: 2009

Los museos siempre han sido considerados como espacios de divulgación cultural orientados a un público selecto. Sin embargo, hoy en día, esta situación esta cambiando. Un museo es un lugar donde uno puede descubrir cosas maravillosas y al cual puede acceder toda la sociedad. Es por eso que debería contar con dependencias lúdicas y  de uso más permanente: biblioteca, oficina de turismo e información, sala de conferencias/ audiovisual, cafetería y actividades culturales diversas pensadas para todas las edades. Esto permitiría seguir dando vida al edificio, fuera del horario de las exposiciones. Actualmente, el poder adaptarse a los cambios de forma rápida es imprescindible, lo mismo sucede con la arquitectura. Se pensó en un edificio simple, que permita una construcción rápida y económica, sirviéndose de los elementos que nos brinda el lugar (piedra MdP), pero fundamentalmente que logre ser un edificio ¨flexible¨ que pueda adaptarse a las necesidades de la sociedad futura. La trama urbana de Mar del Plata podría ser la de cualquier ciudad de la llanura pampeana: una gran grilla trazada a cordel. Pero en este caso el emplazamiento tiene dos grandes condicionantes: uno, los accidentes geográficos con sus montes y arroyos (actualmente entubados), el otro: la inquietante presencia del mar y su sinuosa curva costera. Sin embargo, cuando uno se detiene a mirar a vuelo de pájaro la ciudad, estas alteraciones no provocaron más que pequeñas alteraciones en el modelo: manzanas trapezoidales, o algunas avenidas diagonales. Y la llegada al mar, salvo algunas excepciones que generan un parque, generalmente hace chocar la grilla contra el mismo. El predio en el que se encontrará el museo es una clara muestra de esto, y representa el desafío de lograr un espacio intermedio entre la ciudad y el mar. Ahora: ¿Como lograr delimitar un espacio urbano intermedio, en un vacío de cuatro manzanas, en dos de las cuales se construirán viviendas de baja escala, y en otra equipamiento urbano cuya volumetría no está aún definida? ¿Cómo ubicar un edificio de 6.000 m2 en este vacío urbano rodeado de viviendas? La estrategia urbana de implantación es fundamental. El proyecto consiste en la construcción de una gran placa pétrea que se eleva antes de que la grilla llegue al mar, plegando la trama urbana de manera que remate suavemente en ésta, y liberar así el espacio lindante con la  costa. Esto genera un espacio cívico de escala controlada por la contundente presencia del edificio donde podrán exponerse obras escultóricas en un parque verde bajo la sombra de los árboles, como figuras que se proyectan sobre dos tipos de fondo neutro, el gris de la piedra, y el horizonte infinito del mar. En un área de la ciudad todavía desdibujada y fraccionada, esta gran placa jerarquiza el museo, y otorga una lectura clara de dónde termina la ciudad, y dónde comienza el espacio de escala urbana mayor. Hacia el lado de la ciudad se genera un recinto de esparcimiento y espacio de exposición de esculturas, cuya escasa altura genera un fuelle de escala doméstica entre la extensión de la ciudad y la gran placa, permitiendo una comunicación visual entre lo que pasa dentro de los límites del museo y el exterior. El edificio en si es, entonces, un gran contenedor regular. La forma regular admite la plenitud de gran espacio único y una cantidad de subdivisiones para minimizar los espacios de exposición. La segunda etapa se resuelve mediante la construcción de un segundo prisma exento dispuesto en forma perpendicular al primero, tomándose también de la trama. De esta manera, se remarca la delimitación noreste de la gran plaza, evidenciando la función que en la primera cumple el mismo tejido urbano existente. El cuarto lado está difusamente limitado por la proyección del gran volumen del museo, relacionándose mediante una escala de mayor magnitud  con el predio adyacente, considerando que actualmente es una plaza con árboles, continuación de la plaza de acceso. De esta manera, la disposición del lleno y el vacío en el predio, ya predispone a generar una continuidad espacial de mayor escala con el predio donde estará el futuro edificio de equipamiento, conjunto que constituirá un frente hacia el mar. La complejidad que implica las etapas en un edificio, está resuelta no como un agregado morfológico pegado a una forma existente, sino como un completamiento de la estrategia urbana. Es por esto que la ampliación se plantea como otro edificio independiente perpendicular al primero generando y limitando este gran abra en la grilla urbana, y en cuyo ángulo se produce el acceso a ambos. Esto, además, evita inconvenientes en el uso de la primera etapa durante la construcción de la segunda. Las salas de las dos etapas serán independientes, las de la primera permanentes y las segundas temporarias. El único espacio cubierto compartido entre ambas es el acceso y el área de mantenimiento y depósitos, ubicada en el subsuelo. El acceso público al edificio se produce desde el mar, en una secuencia en la que el usuario recorre la plaza cívica dándole la espalda, para ingresar a través de un semicubierto muy controlado, y girando para poder redescubrir el mar desde otra óptica. El hall es un espacio pasante abierto al patio de esculturas,  y es el generador funcional y arquitectónico del museo: por un lado sirve de foyer del microcine y acceso a la cafetería, y por el otro al museo propiamente, permitiendo fácilmente la separación horaria de usos. La disposición de las circulaciones verticales permite usos alternativos o conjuntos de las salas que se encuentran en el primer piso, y miran hacia el patio de esculturas como primer lugar desde el cual comenzar el recorrido del museo. Dos circulaciones paralelas en ambos extremos del prisma permiten darle un sentido al recorrido, sumado a que permite al espectador alcanzar una visión integra del lugar. El acceso vehicular de las obras y de abastecimiento, está directamente relacionado con el montacargas, y se encuentra ubicado en la esquina de servicio, definida por la espalda del microcine. El montacargas une las salas de exposición, con los depósitos y talleres de mantenimiento ubicados en el subsuelo. El concepto de las salas en el primer nivel podríamos decir que se asemeja al de una nave industrial. Se organiza a partir de una sección de grandes dimensiones, que se soporta, a modo de puente, en la mínima cantidad de apoyos, contenidos dentro del espesor murario perimetral. Estos apoyos en planta baja se multiplican, generando diferenciaciones espaciales y economía estructural donde ya no es necesario mantener grandes luces sin interrupciones. Se crea en planta alta una sección industrial grande, neutra y útil, logrando que las salas sean un gran espacio único plausible de dividir fácilmente: grandes contenedores ciegos, iluminados cenitalmente. Una sola abertura distingue a la sala audiovisual, permitiendo que la imagen cambiante diaria del mar sea considerada como una obra de arte más de la sala. Los espacios de circulación vertical y antesala son oscuros, generando un contraste entre los espacios que unen: la planta baja, pasante, luminosa y continua con el exterior, y las salas, abstractos espacios separados de la realidad.